historias

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Historias

El número telefónico

Lo leí el otro día en el periódico, tres líneas tan solo, únicamente tres renglones, siete palabras y un número de teléfono bastaron para saber que al fin, habías regresado.

Al abrir el periódico tuve un presentimiento, un escalofrío convulsionó mi cuerpo, de alguna forma intuí que contenía un mensaje para mí, dirigido solo a mí, aunque yo no era más que el náufrago que en lugar de lanzar una botella al agua, la recogía del ancho mar.

La casa al final del camino

El ulular de la lechuza llenaba la noche mientras se acercaban en silencio a la casa. Ninguno de los cuatro recordaba de quien había sido la idea, pero según veían crecer la casa a medida que se acercaban se iban autoconvenciendo que la ocurrencia no era tan buena como al principio les había parecido.

Se trataba de una casa muy antigua, más bien un viejo caserón que llevaba bastantes años abandonado, del que se contaban terribles historias sangrientas sobre sus ocupantes y pensaron que sería el lugar ideal para pasar la noche de Halloween.

Miedo

Hacía solo 4 años que todo había empezado pero a ellos les parecía un mundo, al fin y al cabo él, Miguel, solo tenía 12 años y Sonia, su hermana, no pasaba de los 10, por lo que esos 4 años suponían una gran parte de sus cortas vidas.

Tenían muy pocos recuerdos de su padre, pues murió siendo muy pequeños, al poco de nacer Sonia y por ello no se podía decir que le echaran de menos, aunque sí sentían muy a menudo el anhelo de haberle conocido más.

Cuando éramos pobres

Mi abuela siempre me contaba historias de cuando éramos pobres.

Yo aún no había nacido, ni siquiera mis padres, y mis abuelos no eran más que niños como yo.

En aquella época no tenían casa y viajaban de un lado a otro buscándose la vida.

No celebraban la Navidad, ni siquiera sabían que existía por lo que nunca recibían regalos de Papa Noel ni de los Reyes Magos, y a pesar de eso a mi abuela se le llenaban los ojos de amargas lágrimas al añorar aquellos tiempos.

El criptógrafo

Sin duda había sido un golpe de suerte, era plenamente consciente de ello, pero también sabía que la diosa Fortuna estaba detrás de muchos de los más grandes descubrimientos.

Había caído por azar en sus manos y como si de un juego se tratara había comenzado a usar el propio azar para descifrarlo aunque sabía de sobra que ese no era el método acertado.

Mientras operaba con el mensaje imaginaba las felicitaciones que recibiría y sobre todo las miradas de envidia con las que le premiarían sus compañeros.

Historias

Relación de historias extrañas con las que me encuentro en mi deambular neuronal.

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